http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi_sp.html
Un mensaje de esperanza
En ABC, 1.XII.2007
«SPE Salvi», la segunda encíclica redactada por Benedicto XVI, confirma que estamos en presencia de un Pontífice dotado de una excepcional formación intelectual, a la altura de los pensadores más importantes de nuestro tiempo. El lector percibe de principio a fin la elegancia y la profundidad de su razonamiento, unidas a la capacidad pedagógica del gran profesor que Joseph Ratzinger ha sido durante toda su vida académica. Aparecen en el texto los principales autores de todos los tiempos, desde San Pablo y San Agustín -a los que el Papa otorga siempre especial relevancia- hasta Bacon, Kant, Marx o Adorno, en un diálogo fecundo entre la fe y la razón. No sólo están los sabios; hay también un lugar para los más humildes, como la Santa Africana, Josefina Bakhita, una antigua esclava que tiene mucho que decir al mundo respecto de la esperanza. El mensaje principal que transmite la nueva encíclica de Benedicto XVI es la necesidad de autocrítica del mundo moderno en un fértil contraste de ideas con el cristianismo. En el despliegue de sus argumentos, el Sumo Pontífice hace alusión a los retos que afronta el hombre de nuestro tiempo. Entre ellos, las limitaciones del individualismo frente a la necesidad de la vida comunitaria, que sin embargo no debe encerrarse en límites estrechos porque «el sujeto universal es fuente de alegría» y nos impulsa hacia Dios.
La era de la razón y del progreso supuso un cambio de época que necesita ahora una revisión enriquecedora. Nos asusta la vida eterna, que algunos conciben como una condena, cuando debe ser la expresión suprema de nuestro compromiso con la fe. En realidad, quien no conoce a Dios vive fuera de la esperanza y no le sirve ampararse en la protesta contra la divinidad en nombre de una supuesta justicia. El bien absoluto no es realizable en el mundo, y la lucha por mejorar la condición humana es una tarea que incumbe a cada generación. La ciencia es un instrumento valioso, pero tiene límites intrínsecos si se plantea al margen de la moral. El eje de la encíclica es la idea y el sentimiento de la esperanza, así como los instrumentos para alcanzarla, desde la oración y el sufrimiento hasta la apelación final a la Virgen María como «estrella» de toda esperanza. Estas y otras cuestiones aparecen en un texto denso y profundo, que será objeto sin duda de múltiples análisis y comentarios. Prosigue así Benedicto XVI la labor que anunciaba como continuador de Juan Pablo II, profundizando en las ideas esenciales del mensaje de Cristo a partir de una capacidad incomparable para ejercer el magisterio en el sentido más riguroso de la palabra.