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TIEMPO DE ESPERA |
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“Las telas del corazón”. Contemplando en silencio el Belén es fácil descubrir cómo repararlas. Unas telas limpias, lavadas con reconciliaciones pendientes, con cansancios que no se notan, con esas palabras hirientes que finalmente no pronunciamos. |
Por Sunsi Estil-les Farré *
Arvo Net, 12.12.2006
Falta…nada. Dentro de unas semanas es Navidad. “¿Cómo hacíamos antes, que ya no me acuerdo?”. Antes… preparábamos la Navidad; nos preparábamos para el Nacimiento.
La Navidad es cristiana porque el que nace es Cristo. Si la Navidad no es celebrar, revivir que Jesús vuelve a nacer, no es Navidad. Podrán ser las vacaciones de invierno; podrá ser una oportunidad de demostrar nuestras habilidades culinarias… o el buen gusto en el diseño de los adornos, del árbol. Podrán ser también los días más apropiados para comprar ese capricho o el último grito en no sé qué digital. Podrá ser eso; unos días de actividad frenética para… ¿alguien sabe para qué?. Y acabamos con estrés, con malhumor, con desasosiego y con el bolsillo vacío. No; esto no es la Navidad.
Estas líneas podrían titularse “Un rincón para la nostalgia”. Pero la añoranza a secas, la que nos paraliza y nos deja anclados en el pasado, no sirve para nada. Podemos hacer algo. Podemos llenar de contenido todos los símbolos que recorren las calles como cascadas de luces amarillas, rojas, plateadas…
Estos días la Virgen María siente con más intensidad el peso del Niño en su vientre. Seguramente lo acaricia y José está agobiado porque aún no sabe si encontrará un lugar digno para que María dé a luz. Es tiempo de espera.
Nosotros nos adelantamos y preparamos el establo lo mejor que sabemos. Buscamos la mula y el buey, la única calefacción de la que dispondrá Jesús. Hemos ido a recoger ramas, piedras y un poco de verde. Nos resistimos a llenar un cubo con arena porque la casa se pone perdida, pero al final cedemos ante la insistencia de los más pequeños. La estrella se desplaza y va dejando una estela blanca en el firmamento. También los pastores están trabajando, como todos los días, en las montañas de corcho o de ese papel rígido que se puede moldear como uno quiera. Las ovejas se esparcen por la superficie más llana. Siempre se nos caen. En los picos más altos, los que están más alejados de la cueva, pegamos algodón o echamos harina o los pintamos con típex.
Este año el frío llega tarde ; hace dos mil años era más intenso. Pensamos cómo dar más calidez al pesebre. Ideamos una fórmula para que la cuna improvisada sea blanda y el Niño no eche en falta un colchón. Y cogemos un poco de relleno de una caja que lleva una pegatina donde se advierte: “Muy frágil”.
¿Qué más?. ¡Ah, sí!. El regalo. Últimamente se nos olvida patearnos las calles del alma hasta dar con un obsequio para el que va a nacer. Sí, es cierto que el 25 los pastores llevarán comida. Y el día 6 los Reyes obsequiarán a la Sagrada Familia con oro, incienso y mirra. ¡Pero tantos días de fiesta a costa del Niño y ni siquiera pensar en un detalle…! ¿Cómo es el Niño?. ¿Qué necesita?. ¿Qué puede hacerle ilusión?. Caemos en la cuenta de que el Niño es Dios. Y podría haber nacido en cualquier lugar más confortable … y no ha querido. Deducimos que no espera lujos ni derroches. Entonces… ¿qué le regalo al Niño?. Tal vez nos dé alguna idea este precioso poema de Lope de Vega.
“Yo vengo de ver, Antón,
un Niño en pobrezas tales,
que le di para pañales
las telas del corazón.”
Unas telas limpias, lavadas con reconciliaciones pendientes, con cansancios que no se notan, con esas palabras hirientes que finalmente no pronunciamos. Unas telas que, después de bregar durante todo el año, tienen algún descosido. Aún da tiempo a apañarlas con zurcidos de amor compartido. ¡Qué contento se pondrá el Niño!.
“Las telas del corazón”. Contemplando en silencio el Belén es fácil descubrir cómo repararlas. Todavía quedan unas semanas.
*Sunsi Estil-les Farré
Diari de Tarragonaa
