La Inmaculada Concepción
Autor: Antonio Orozco Delclós
1. Exposición del Misterio
El Dogma de la Inmaculada Concepción puede decirse que es una maravillosa síntesis doctrinal de la fe cristiana. En efecto, concentra en sí las verdades fundamentales del mensaje revelado: desde la creación de los progenitores en estado de justicia, hasta el pecado con el que comprometieron la propia situación y la de los descendientes; desde la promesa inicial hecha a Adán y Eva en el Protoevangelio, a su maravillosa realización mediante la encarnación del Verbo en el seno purísimo de María, desde la situación desesperada de una humanidad arrojada a la condenación eterna a la perspectiva de la salvación final en la participación de la felicidad misma de Dios.» (Juan Pablo II, Angelus,8-XII-1988, Solemnidad de la Inmaculada Concepción)
Entre los privilegios que Dios ha otorgado a la Virgen María en atención a su excelsa dignidad de Madre de Dios y en virtud de los méritos de su Hijo, es de destacar el de su Inmaculada Concepción, reconocido por la Iglesia desde sus inicios y definido como dogma de fe el 8 de diciembre de 1854 por el Papa Pío IX en la Bula Ineffabilis Deus. En esta Carta Apostólica, el Romano Pontífice, «no hizo sino recoger con diligencia y sancionar con su autoridad la voz de los Santos Padres y de toda la Iglesia, que siempre se había dejado oír desde los tiempos antiguos hasta nuestros días» 1.
La definición dogmática dogmática dice así: «Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer instante de su Concepción fue, por singular gracia y privilegio del Dios omnipotente, en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios y, por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles» 2
1. Significado de los términos
El dogma de la Inmaculada se refiere no a la concepción virginal de Cristo realizada en María por obra del Espíritu Santo, sino a la concepción por la cual María fue engendrada en el seno de su madre. También es de advertir que se refiere no a la concepción «activa», obra de los padres de la Doncella de Nazaret, sino al «término» de esa acción, es decir al resultado de la concepción activa, que es precisamente el «ser concebido» de María. Ella es la concebida sin la herencia del pecado original.
2. Inmunidad de toda mancha de culpa original.
Con la expresión «inmune de toda mancha de culpa original», la Iglesia confiesa que María en ningún momento y en modo alguno fue alcanzada por la culpa original que se transmite por generación a la humanidad desde nuestros primeros padres. No se contemplan, sin embargo, en la definición dogmática, los defectos que proceden del pecado original, como son la concupiscencia, la ignorancia y la sujeción a la muerte. Tampoco se pronuncia sobre si «debía» o no contraer el pecado original por el hecho de proceder de Adán, aunque afirma sin lugar a dudas que de hecho no lo contrajo, ni siquiera en el primer instante de su existencia. Sin embargo Pío XII, en Refulgens corona, explicita que cuando se habla de María ni siquiera «cabe plantearse la cuestión» de si tuvo o no algún pecado, por nimio que pudiera pensarse, «puesto que lleva consigo la dignidad y santidad más grandes después de la de Cristo (…) es tan pura y tan santa que no puede concebirse pureza mayor después de la de Dios» 3. Por lo que se refiere a la inclinación del pecado (concupiscencia), es sentencia cierta que estuvo libre de ella desde el instante de su concepción inmaculada.
3. Plenitud de gracia.
En la Bula Ineffabilis, se afirma la plenitud de gracia en María desde el comienzo de su existencia. Toda la argumentación de la Bula implica esta verdad y expresamente declara que «la Virgen fue la sede de todas las gracias divinas, adornada con todos los dones del Espíritu Santo, y más aún, tesoro casi infinito y abismo inagotable de esos mismos dones, de tal modo que nunca ha sido sometida a la maldición» [4]. Pío XII, en Fulgens corona, se recrea en la explanación de este punto.
4. Privilegio singular
La inmunidad otorgada a María es una gracia del Dios todopoderoso que constituye un «privilegio singular». Se diría que Dios se interpone entre María y el pecado, para que éste ni siquiera le roce por un instante. Es un privilegio extraordinario concedido a la que había de ser Madre de Dios. ¿Podría pensarse en alguna otra persona humana que goce de este privilegio? No consta que la voluntad del Papa al definir el dogma de la Inmaculada Concepción de María fuera excluir absolutamente tal posibilidad, tampoco consta en parte alguna que exista. Lo que queda definido es que se trata de «singular privilegio y gracia del Dios omnipotente». Cabe subrayar, no obstante, lo que dice Pío XII: «este singular privilegio» es «a nadie concedido» sino a la que fue elevada a la dignidad de Madre de Dios 5 y en previsión de los méritos de su Hijo Redentor del hombre.
5. Revelación formal del misterio
Concluyamos esta breve exposición del significado de los términos del dogma, señalando que la verdad expresada no se ha obtenido como una conclusión deducida a partir de la Revelación, o por su conexión con alguna otra verdad revelada; se trata de una verdad formalmente revelada por Dios. La cuestión ahora es: ¿cómo y dónde ha sido revelada?
En la Bula Ineffabilis, Pío IX indica brevemente que la Iglesia católica, iluminada siempre por el Espíritu Santo, «no ha cesado de explicar más y más cada día, de proponer y de fomentar esta original inocencia de la Virgen excelsa, coherente en grado sumo con su admirable santidad y dignidad sublime de Madre de Dios» 6. Ha habido progreso en el conocimiento y explicación, pero la verdad era conocida desde los comienzos de la Iglesia como divinamente revelada 7.
Fundamento en la Sagrada Escritura
En Mariología, puede parecer a primera vista que el apoyo escriturístico de las definiciones dogmáticas es más bien escaso. Pero la importancia de María en la historia de la salvación no se mide por el número de versículos que la Escritura le consagra, sino por el alcance de cada uno de ellos.
Justamente, la Iglesia ha entendido que en las Sagradas Escrituras se encuentra sólido fundamento para la afirmación de los dogmas de la Inmaculada y de la Asunción de la Virgen María. Si tratáramos los textos de modo «aséptico», las polémicas podrían resultar interminables; pero si lo que se intenta es «ver» lo obvio según la fe de la Iglesia, pronto se encuentran los fundamentos bíblicos de esa fe que arranca de los discípulos del Señor, que testimonian los Padres de la Iglesia y se encuentran vivos a lo largo de los siglos hasta hoy.
Así, «el fundamento bíblico de este dogma -afirma Benedicto XVI – se encuentra en las palabras que el Ángel dirigió a la muchacha de Nazaret: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lucas 1, 28). «Llena de gracia», en el original griego «kecharitoméne», es el nombre más bello de María, nombre que le dio el mismo Dios para indicar que desde siempre y para siempre es la amada, la elegida, la escogida para acoger el don más precioso, Jesús, ‘el amor encarnado de Dios’ 8»9. Trataremos de desarrollarlo – dentro de los límites de esta Iniciación- apoyándonos sobre todo en el poderoso magisterio de Juan Pablo II, que recoge, analiza, sintetiza y profundiza en la mejor exégesis bíblica contemporánea, en continuidad con la enseñanza común de los Padres de la Iglesia y la teología «inmaculista». [BXVI]
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NOTAS
0- Este texto stá actualmente en imprenta.
1 Pio XII, FuC I, párr. 2.
2 InD, DS 2800-2804.
3 FuC, I.
4 InD, cit por FC I, párr 3.
5 FuC, I, párr. 5.
6 InD, I. c.
7 Ver FuC, I.
8 Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas est, 12
9 Benedicto XVI, Intervención en el Ángelus de la solemnidad de la Inmaculada Concepción, 8.XII.2006.