La Inmaculada Concepción
2. Fundamentos bíblicos
a) El relato de la Anunciación (Lc 1, 28)
El ángel Gabriel, en la Anunciación, la saluda con la palabra chaire (alégrate) y no le llama María sino que se dirige a Ella con el término kechairitoméne, que traducimos «llena de gracia» [cfr. Lc 1,28]. Es una singular y solemne salutación, nunca hasta entonces oída. Ambas palabras tienen una profunda conexión entre sí y con el contexto del relato. Llena de gracia, llena de Dios, llena de gozo, designa propiamente la más profunda personalidad de María: «La plenitud de gracia indica la dádiva sobrenatural, de la que se beneficia María porque ha sido elegida y destinada a ser Madre de Cristo» 1.
Juan Pablo II explica con sencillez el resultado de los estudios exegéticos más rigurosos. Advierte que el calificativo “kexaritomene” tiene un significado densísimo, que el Espíritu Santo ha impulsado siempre a la Iglesia a profundizar 2. «La expresión “llena de gracia” traduce la palabra griega «kexaritomen», la cual es un participio pasivo. Así pues, para expresar con más exactitud el matiz del término griego, no se debería decir simplemente llena de gracia, sino «hecha llena de gracia» o «colmada de gracia», lo cual indicaría claramente que se trata de un don hecho por Dios a la Virgen 3. El término, en la forma de participio perfecto, expresa la imagen de una gracia perfecta y duradera que implica plenitud. El mismo verbo, en el significado de «colmar de gracia», es usado en la carta a los Efesios para indicar la abundancia de gracia que nos concede el Padre en su Hijo amado (cf. Ef 1, 6). María la recibe como primicia de la Redención» 4 y de un modo absolutamente singular. «Cuando leemos que el mensajero dice a María ‘llena de gracia’, el contexto evangélico, en el que confluyen revelaciones y promesas antiguas, nos da a entender que se trata de una bendición singular entre todas las ‘bendiciones espirituales en Cristo’. En el misterio de Cristo María está presente ya ‘antes de la creación del mundo’ como aquella que el Padre ‘ha elegido’ como Madre de su Hijo en la Encarnación, y junto con el Padre la ha elegido el Hijo, confiándola eternamente al Espíritu de santidad. María está unida a Cristo de un modo totalmente especial y excepcional, e igualmente es amada en este ‘Amado eternamente’, en este Hijo consubstancial al Padre, en el que se concentra toda ‘la gloria de la gracia’. A la vez, ella está y sigue abierta perfectamente a este ‘don de lo alto’ (cf. St 1, 17). Como enseña el Concilio, María ’sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que de El esperan con confianza la salvación’ ».5
Los Santos Padres advierten también que las palabras de Isabel a María, en la Visitación, encendida por el Espíritu Santo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre» (cfr Lc 1, 40-42), dan a entender que la Madre de Dios fue la sede de todas las gracias divinas y que fue adornada con todos los carismas del Espíritu divino, al extremo de no haber estado nunca bajo el poder del mal y de merecer oír, participando a una con su Hijo de una bendición perpetua 6. Palabras que son «como una continuación del saludo del ángel» 7.
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NOTAS
1 RM, n. 9
2 Aud, 15-V-1996, 1
3 Lc 1, 28. Ignace de la Poterie, tras explicar que la primera palabra del ángel a María es chaire, que en la Vulgata se tradujo Ave y que actualmente se va imponiendo la traducción “alégrate”, explica que no se trata de un simple saludo convencional, como el latino Ave. Es una invitación a la alegría. Y la razón de su alegría, en el evangelio de Lucas, es el haber sido hecha agradable a Dios por medio de la gracia. Alégrate, va seguido de «Kecharitôménê», que la Vulgata traduce por «llena de gracia».
4 Juan Pablo II, Audiencia general, 8.V. 1996.
5 RM, n. 8.